02 abril, 2014

Mensch


Ser mensch podría traducirse como “ser gente” o “ser persona”, pero gente y persona no se asocian a determinados valores que a un mensch nunca le van a faltar. No es que sea perfecto, el mensch se destaca por no ser perfecto pero por sobre todo, por saberlo. El mensch se asume imperfecto y aprende. Porque el mensch para ser mensch debe progresar y hacerse más mensch con el paso del tiempo.

El mensch se sabe finito. Camina despacio para que nadie sienta que ha sido sobrepasado. Mira las palabras buscando más de un significado. Escucha, dedica su ser a escuchar cuando así siente que amerita hacerlo. El mensch, intuye, es exegético. Es paciente.  
El mensch es apreciado por sus vecinos, respetado por padres e hijos. No siempre comprendido por su pareja, pero amado sí, eso con certeza.
Hay una cierta autoridad en el mensch. La clase de autoridad que nace del respeto, una clase de autoridad que emana del testigo del mensch y el mensch refleja sin intención.
Cada día es más difícil ser mensch.

Además, está claro que nadie nace con vocación de mensch, y elegir ese camino es mucho más difícil que optar por una profesión. Por cierto, ser mensch no tiene que ver con género ni clase social.

El mensch, por sobre todas las cosas, siempre se pone en el lugar del otro. Siente que la empatía es la única forma de mantener una relación, y trata, busca, encontrar ese espacio mental donde uno se figura el otro para pensar y sentir desde ahí. Es un arte difícil, que no se enseña. Seguramente el mensch tuvo ejemplos sólidos en los que asirse. El mensch encontró en su vida personas de las que pudo ser testigo para aprender, aprehender, comprender, las imperfecciones. Para proyectarlas en sí mismo y crecerse.




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Nihil humani a me alienum puto (Terencio)