12 mayo, 2006

impulsos

De repente viene el impulso, que se supone tengo que controlar, porque se supone que la adultez es justamente eso: controlar(se).

A veces lo dejo al impulso seguir, lo miro, él hace. Va y te llama, o te toca timbre, a veces va y te abraza.

Entonces le digo al impulso que te mire reaccionar. Le señalo lo patético de no ser querido y llamar, o tocar timbre, le enseño del miedo al rechazo a la hora de abrazar. Y entonces el impulso, que venía como bala, se detiene, así en seco, da un frenazo y me mira increpándome.

No lo entiendo, pero tampoco de entender se tratan los impulsos. Están ahí para seguirlos o dejarlos pasar.

Yo lo miro, y lo sigo sin seguirlo, hago una película para él.

A veces la película termina maravillosamente, entonces todos los impulsos juntos son felices y tienen sentido. Se reconocen en cenas calmas, en acosos apasionados dignos de fascinación amorosa primeriza, en regalos y sinsentidos. Tiempos en que los impulsos propios encontraron semejantes ajenos y se unieron en fiesta.

Los hay que se unen en guerras, extraña unión nada desconocida para los impulsos, porque entre ellos hay discrepancias extremas.

Lo curioso es que tales dicotomías pueden darse entre los impulsos de un mismo bando, provocando algo que podría llamarse “guerra civil”. A veces vienen los impulsos más jodidos y se pelean con sus hermanos, generando serios conflictos en el portador.

Yo miro a mi impulso, que después de frenar se quedó quieto, con la misma cara de desentendido. Tiene las piernas prontas para seguir la carrera, sabe el objetivo y cree que puede alcanzarlo. Entonces viene otro impulso, flaquito y debilucho, a decirle que afloje, que no gana nada. El otro es más fuerte, es el que escribe, el que manda. El flacucho impide que el otro siga la carrera, no va a llamarte, ni tocar timbre, ni abrazarte.

Pero acá está, escribiéndote.

Preguntando si dolía más antes o ahora, si la distancia es necesaria, si con el tiempo duele menos, si un abrazo no calmaría todo y permitiría mirar adelante con calma, la calma que hace días busco y no encuentro porque los impulsos me acosan, otros me reprimen y de nuevo vienen otros que me instan a seguir.

Ellos, tan independientes, me necesitan para existir y yo... (acaba de venir un impulso que dice que mejor deje de escribir sandeces).


Comments:
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Nihil humani a me alienum puto (Terencio)